domingo, 29 de abril de 2012

Lo que tú no quieres reconocer

Me parece muy curioso el comportamiento humano, tanto chicos como chicas nos decantamos por lo que menos nos conviene, por esa clase de personas inalcanzables, que no nos prestan atención. Nos sentimos obligados al reclamo. Porque quizás ese hecho es el que nos resulta más atractivo. Lo fácil acaba aburriendo,  en cambio lo que nos es más difícil de conseguir como que es más tentador, ¿no?
El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, venga en serio... que optimistas, ¿dos veces? dos, tres, cuatros y cinco... creo que hasta que no nos duele todo el cuerpo de tanto caernos no paramos de intentarlo. Yo soy de las partidarias de que si se duda una sola vez, ya no hay nada que hacer. Pero eso es sólo en la teoría, y aunque lo crea ciegamente, nuestros actos siempre hablaran por nosotros.

Lo mismo que tus actos hablan por ti, aunque malgastes saliva diciendo lo contrario, lo sabes tan bien como yo. No me quieres "escuchar", no quieres hacerlo y sin embargo necesitas hacerlo. Te empeñas en alejarme, cuando en realidad no es lo que quieres, pero, ¿qué le vamos a hacer no? ¿enfrentarnos a todo eso? No, claro que no. Es más fácil pedirme que sea yo la que intente cambiar de rollo, era algo así, ¿no?  

Está genial que quieras engañarte a ti mismo, si eso te hace sentir mejor, adelante, hazlo. Pero a mi no me engañas. Yo estaba dispuesta hacerlo, es más, ya lo estaba haciendo. Y tu lo sabías, pero ¿qué pasa cuando pasamos a ver que dejamos de ser el centro de atención? Sabías tan bien como yo, que ya no ibas a saber nada más por mi parte, pero para cambiar eso ya estabas tú. Aunque el resultado no fuera el esperado, o si, has vuelto a humillarme por segunda vez. Y me pides que sea yo, la que lo entienda. 

Entiende tú, que lo que dices no hay por donde cogerlo, que tus decisiones no son firmes, y que por mucho que yo me aleje, ni te hable, ni escriba para ti, seguiré estando ahí; en tu cabeza. Y no puedes culparme por eso.

Voy a cumplir tu deseo, aunque sepa tanto como tu, que lo quieres tan poco como yo. Pero has decidido tropezar, y yo respeto tu decisión, aunque no esperes que esta vez sea distinto. Tú sigues siendo tú, y lo que no quisiste entonces no lo querrás ahora.

¿Qué porque lo sé?
 Porque en el fondo, tu y yo, somos iguales.

Suerte, la necesitarás.
  




Pd: 


Parece ser que el juego «Sería estupendo que...» surge efecto.
Sería estupendo que este fuera un buen fin de semana.
Sería estupendo que soñara cosas bonitas. 
Sería estupendo que hiciera sol. ☺

Sería estupendo que...

Más todas esas cosas que no he dicho aquí y que asombrosamente han sido así.

SiesquelaleydeatracciónmolamiL!

¡¡Seguiremos jugando!!






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